Las prácticas cotidianas no han sido, hasta el momento, un campo de batalla fértil desde donde re-pensar cuestiones que vayan más allá de lo humano. Relegado al pensamiento académico o a la condición efímera de las bienales, la arquitectura aún no ha sido capaz de expandir la noción de cliente de un modo más generalizado debido, en buena medida, a las dinámicas propias de la industria de la construcción. La arquitectura sigue respondiendo, mayoritariamente, a un único cliente, sin tomar en consideración todas las realidades subalternas que también habitan cualquier construcción. La dimensión ecosistémica de los proyectos aún no tiene cabida, ni reflejo en un presupuesto o en un proyecto de ejecución. O tal vez sí.

 

Husos una plataforma de arquitectura afincada en Madrid que, a través de lo que ellos denominan caballos de Troya, han sabido infiltrar en sus proyectos arquitectónicos varias urgencias espaciales. Su modo de observar la realidad que rodea a cada encargo ha sabido visibilizar la red de relaciones y agentes implicados en el ecosistema en el que van a intervenir. A través de diferentes procesos de diseño, de un esfuerzo incrementado por visibilizar y poner en valor estas microrrealidades, sus construcciones no sólo responden a un encargo inicial sino a un compromiso sincero con los agentes no-humanos que también van a habitar su arquitectura.  A través de una conversación mantenida de manera intermitente durante el verano de 2018 recorremos con ellxs su práctica arquitectónica y las ideas que han llevado a hacer, de las prácticas cotidianas, un lugar desde donde desarticular y modificar las relaciones entre humanos y no-humanos.

 

¿Para qué o quién estamos diseñando?

 

Esta es una pregunta que encierra dos asuntos importantes. El primero consiste en que por lo general los arquitectos trabajamos a través de encargos, adquiridos a su vez a través de un cliente, tanto una persona como una entidad; una tendencia cada vez menos hegemónica frente a otras formas de iniciar un proceso de diseño. Podríamos decir que sigue siendo la más común. Se asume con frecuencia que el cliente, junto con sus necesidades y deseos, es el principal o único receptor de nuestros diseños. Al acercarnos a éste se percibe como una entidad más o menos desconectada de un montón de cosas que lo están construyendo como sujeto. Esta aproximación resulta bastante problemática y limitada. Incluso en ese marco de trabajo, en apariencia convencional -un diseño “para alguien”-, nuestro trabajo opera en realidad en un contexto mucho más amplio y diverso. Es afectado y a su vez contribuye a construir un ecosistema en donde conviven y se relacionan diferentes agentes -formas de existencia vivas y no vivas, humanas y no humanas- que se despliegan en un territorio disperso, generalmente mucho más extenso que el de nuestras acciones materiales directas. Esto sucede independientemente de que seamos conscientes de ello o no. Podemos ignorarlo, pero no evita las consecuencias que causa un diseño sobre un determinado ecosistema. A nosotros nos interesa diseñar a partir del reconocimiento de los diferentes agentes y cómo sus relaciones de interdependencia construyen un contexto específico en el que la arquitectura participa activamente. Hemos de buscar una arquitectura que responda tanto a ese ecosistema como a sus agentes -atendidos a partir de sus singularidades-, conectada de manera consciente con lo cotidiano, con las diferentes microrrealidades que se ensamblan para componer nuestro día a día. Uriel Fogué dijo que en nuestro trabajo el verdadero sujeto político es el ecosistema. Nos parece una visión generosa, pero es cierto que intentamos trabajar en esa dirección. 

 

A partir de este reconocimiento intentamos desarrollar una arquitectura incluyente, pero no debemos detenernos aquí; y es donde cabría la segunda cuestión a la que nos remite la pregunta. Además de la inclusión y del reconocimiento de la diversidad, nos parece importante, una perspectiva que tenga en cuenta el cómo se relacionan las diferentes formas de existir que componen esos contextos donde trabajamos, sus relaciones de poder, las vulnerabilidades y privilegios encarnados en diferentes cuerpos a través de dichas relaciones materiales. No pretendemos que nuestros proyectos desarticulen por sí mismos relaciones asimétricas, pero sí que sirvan de microlaboratorios para cuestionarlas. Buscamos indagar a través de ellos en posibles líneas de trabajo que nos ofrezcan pistas para buscar otras formas de cuidarnos, y que quizás también nos ofrezcan otras formas de belleza. 

 

 

Jardín hospedero y nectarífero de Cali. Husos Architects. © Javier García

 

 

Frente a esta idea de arquitectura convencional que mencionáis, estas consideraciones cada vez más extendidas, suelen plantearse desde estratos académicos, exposiciones o prácticas efímeras. Una formulación que se suele limitar al plano teórico y que no se integra en una práctica más cotidiana o cercana al “mercado”. Lo cual limita enormemente su capacidad de transformación y también reduce el público al que se dirige. En vuestro trabajo está presente esta inclusión y sensibilidad hacia otros usuarios no-humanos de una manera, tal vez más colateral, pero que coexiste con una arquitectura que también responde a unas necesidades y funciones comerciales ¿Cómo es posible incluir a estos agentes en un presupuesto en el que no aportan capital económico, ni son usuarios directos del proyecto?

 

Creemos que la búsqueda de respuestas a ciertas preguntas necesarias dentro de la arquitectura no debería relegarse a un solo campo de acción; por ejemplo a la teoría o a lo efímero. Y no queremos decir en absoluto que estas dos líneas de trabajo no sean tan importantes como otras en la arquitectura. Todo lo contrario. Sin embargo para incidir en lo cotidiano nos parece necesario reclamar la posibilidad de desarrollar otras formas de hacer arquitectura también desde los encargos más comunes; y en definitiva poder buscar respuestas desde todos aquellos espacios desde donde se construye nuestra subjetividad y nuestra vida en común. 

 

Ahora bien, efectivamente, un asunto central es cómo incluir a otros agentes y realidades políticas en un presupuesto, en un plan de trabajo que de algún modo debe encajarse en una propuesta que sea viable y sostenible tanto para un cliente como para un estudio de arquitectura. 

 

Hay un problema estructural que afecta al sistema económico vigente. Por eso el tema del capital económico es seguramente uno de los más difíciles y a la vez uno de los más importantes. Si quisiéramos avanzar para lograr un cambio cuantitativamente visible en nuestras prácticas posiblemente sería necesario transformar nuestra perspectiva de lo económico, avanzando hacia una mirada más amplia y problematizada de la economía. Un camino que ya han trazado por nosotros el pensamiento feminista y las miradas desde la ecología. Debería ponerse en práctica a través de protocolos de pleno reconocimiento para la naturaleza no humana y sus agentes, de los trabajos de cuidados y de las interacciones sociales y naturales, entendidos como capitales centrales de nuestra economía. Copiando el lema de las trabajadoras domésticas desde el feminismo, podríamos afirmar que ¡sin estas realidades y formas de existir en el mundo (cuidados, naturaleza, etc.) éste no se movería! Todos estos aspectos tienen en común el estar en la trastienda de lo económico. Son en su gran mayoría economías sumergidas; si bien no de la manera tradicional y reduccionista en la que se suele entender. Tal y como explica Nancy Fraser son economías sumergidas porque en un mundo donde el dinero está en la base del concepto de valor, al no estar monetarizadas ni organizadas bajo relaciones contractuales, no son tenidas en cuenta desde las ficciones políticas que hemos construido sobre lo económico y que son ahora mismo estrechísimas.

 

Para la inclusión plena de agentes no humanos y sus ecosistemas seguramente tendremos que implantar cambios profundos frente a las lógicas capitalistas actuales; y estamos convencidos que desde este lugar que hemos escogido, el de las prácticas cotidianas, tenemos mucho que aportar. El camino que hemos seguido ha sido llevar a cabo pequeños cambios junto a algunos aliados; compartir el interés de ámbitos como el de las cuestiones ambientales o de los cuidados junto con nuestros interlocutores inmediatos, sean por ejemplo clientes o socios en determinados proyectos. Ampliar la discusión a través de conversaciones y ejercicios que problematicen la realidad, no desde ideas abstractas sino desde microrrealidades específicas el día a día…, a través de procesos de investigación y reconocimiento de asuntos concretos, que permiten abrir horizontes en nuevas direcciones. Aún tenemos por delante todo un camino por recorrer en esta dirección; pero al menos desde nuestro trabajo hemos visto avances, pequeños pero para nosotros muy importantes. Lo vemos por ejemplo después de los primeros trabajos como la Casa taller hospedera y nectarífera. Nuestros interlocutores entienden cada vez mejor el valor de estas aproximaciones e incluso algunos nos las reclaman desde el comienzo del proceso de diseño. No se trata solo de nuestro trabajo, sino de un clima social colectivo que se abre poco a poco a estos reconocimientos y en el que mucha gente, desde diferentes saberes, está aportando lo suyo. Ahora, traducir esto en valores monetarios, reconocer plenamente el tiempo y dedicación que requieren y traducirlo a unos honorarios equivalentes a las labores cotidianas que todo esto comporta es otro asunto. Es aún una tarea pendiente, que posiblemente debería revisarse de manera transversal y colectiva, entre todos aquellos que de una u otra manera somos responsables de la construcción de lo urbano.

 

 

Jardín hospedero y nectarífero de Cali. Husos Architects. © Manuel Salinas

 

 

Decís que es una tarea pendiente el ser capaces de incluir este pensamiento ecosistémico dentro de un presupuesto, unos honorarios o siquiera un proyecto de ejecución, pero lo cierto es que sí habéis logrado hacerlo. Empleáis la expresión caballo de troya para referiros a algunos de vuestros proyectos. Frente a esta idea académica o expositiva de una arquitectura desposeída de función directa pero con capacidad de poner el foco sobre ciertos problemas, podríamos decir que vuestra oficina realiza el camino inverso. Es decir, a través de arquitecturas de lógicas y programas más convencionales es capaz de poner sobre la mesa cuestiones tal vez de manera más colateral pero a su vez, por la construcción de escenarios más próximos, capaz de tener más incidencia. El proyecto que habéis mencionado es una buena muestra de estos procedimientos y técnicas. En su resultado final, ¿cuánto hay de encargo inicial y cuánto de implementación de vuestra posición o de cuestiones desveladas durante el proceso?

 

Depende lo que entendamos por encargo inicial. Hay unas primeras demandas más o menos explícitas, pero luego hay otras que van apareciendo durante el proceso, que lo complejizan y enriquecen. Es nuestro trabajo el que se revelen o no esas diferentes demandas, depende en gran medida del cuidado que le demos, durante el proceso de diseño, a las microrrealidades presentes en el contexto en el que trabajemos. Un cuidado que comienza con una mirada atenta, y continúa con una serie de labores más sistemáticas, como puede ser una indagación en métodos de jardinería o entrevistas que complementan conversaciones informales. Cuando participamos en el concurso para la Casa taller hospedera y nectarífera en Cali, tuvimos muy poco tiempo para hacer una propuesta completa. Debíamos diseñar la sede de un taller textil que incluía un espacio de ventas y un par de viviendas. Nuestra propuesta consistía en unos planos esquemáticos, que más adelante cambiaron. Pusimos el foco en una serie de ideas muy simples que ponían en valor un diálogo implícito pero muy interesante entre el trabajo de nuestras clientas dentro de su taller textil y esa ciudad. Esa conexión se daba por los temas tropicales que trataban sus dibujos textiles, pero también por llevar una forma particular de negocio desde casa, donde en ciudades como Cali es frecuente ya que el clima beneficia un intercambio fluido continuo entre el espacio de la casa-negocio y el de la calle. Un clima que facilita una cercanía especial entre vecinos, haciendo del pequeño comercio un ámbito donde se genera comunidad. Estas ideas, que reflexionaban sobre ellas mismas como integrantes de un taller y en su entorno y no sólo en la forma e imagen del edificio las convenció de trabajar con nosotros. Las socias del taller las interpretaron como un espejo amplificador, que no solo hablaba de su futura sede física, que también, sino que hablaba de valores y singularidades que ellas reconocieron en su día a día, como entidad productiva y social conectada de manera muy especial a un contexto específico. Durante los años que siguieron estas ideas de partida nos ayudaron a todxs como especies de brújulas para conducir el resto del trabajo de investigación, diseño y construcción colectiva del edificio que a la postre se convirtió también en la generación de una pequeña comunidad de vecinos. Inmediatamente vimos que había algo muy interesante a estudiar en la naturaleza de esa ciudad, una especie de ciudad-jardín hecha de manera espontánea. Iniciamos un proceso que devino en un estudio del ecosistema natural del barrio y la ciudad con diferentes biólogos para aprovechar el carácter relacional de ese edificio doméstico-productivo, y así socializar una serie de experimentos botánicos.

 

Desde el comienzo tuvimos el apoyo de las trabajadoras del taller, lo que permitió entrar progresivamente en problemas no evidentes a priori. Por ejemplo la importancia de cuidar de insectos tradicionalmente “indeseados” y con frecuencia considerados feos, como las mariposas en su fase larvaria, es decir las orugas, que se alimentan de hojas, y son consideradas como “plaga” en un cultivo.

 

Resultaba necesario trabajar en la construcción colectiva de nuevos imaginarios, incluso estéticos. Agentes percibidos socialmente como “deseables” como las mariposas resultaron aliadas muy importantes para vincular a la comunidad implicada con cuestiones del ecosistema de la región en su totalidad, empezando por las integrantes del taller, y más adelante con las vecinas y vecinos de la calle. En vez de operar como especies de compañía, en este proceso las mariposas tuvieron un papel de caballos de Troya: embajadoras socialmente cercanas de otros agentes naturales socialmente lejanos en el imaginario colectivo pero igualmente importantes en el día a día de la ciudad (larvas y orugas, hormigas, aves, polillas, chinches, entre otras). Operar en los imaginarios a través de caballos de Troya es algo que nos ha interesado especialmente y que hemos llevado a cabo en diferentes ámbitos.

 

En definitiva, quizás el problema muchas veces no consista en enfrentarse a programas convencionales; sino hacer lecturas convencionales de estos sabiendo que en realidad suelen contener posibilidades únicas, complejas y fascinantes.

 

 

Jardín hospedero y nectarífero de Cali. Husos Architects. © Manuel Salinas

 

 

¿Cómo se logra materializar o tejer esta implicación entre agentes humanos y no-humanos a nivel arquitectónico? Es decir, ¿qué mecanismos y sistemas habéis empleado para espacializar estas posiciones o descubrimientos haciéndolos formar parte de una arquitectura con un programa mucho más amplio? 

 

En nuestro trabajo, un primer paso en este proceso de materialización consiste en saber reconocer el conjunto de relaciones materiales e inmateriales que dan lugar a los diferentes agentes presentes en un proyecto, sean humanos o no.  Para esto suele ser muy importante el aporte de saberes ya existentes y de expertos vinculados al entendimiento de dichos agentes. Como por ejemplo, en el proyecto de la Casa taller hospedera y nectarífera, donde contamos con el apoyo de biólogos como Francisco Amaro y Lorena Ramírez o del Zoológico de Cali, el cual aportó asesoría técnica e incluso material de trabajo en forma de semillas no comerciales. 

 

 

Jardín hospedero y nectarífero de Cali. Husos Architects. © Manuel Salinas

 

 

Paralelamente intentamos explorar posibles sinergias entre las diferentes realidades presentes en un proyecto arquitectónico. Durante el proceso de diseño de la Bathyard home, resultó evidente la importancia que debía tener el baño en la nueva vivienda de esta familia. Una familia con poco tiempo entre semana para estar junta, donde el baño constituía un espacio importante para encontrarse, por ejemplo por la mañana una persona se cepillaba los dientes mientras la otra se duchaba o se terminaba de vestir. En algún momento surgió también la pregunta de si al menos algunas de las plantas del jardín de la antigua vivienda podían también venir a la nueva aunque esta última fuese mucho más pequeña. Vimos la posibilidad de ofrecer a algunas de estas plantas la humedad que necesitaban a través de la cercanía con este baño, un espacio entendido ya no como lugar secundario frente al resto de la vivienda sino como un espacio social relevante dentro del hogar. Al mismo tiempo, el dar un lugar ambiental y socialmente especial a algunas de las plantas familiares posibilitó mantener vivo ese vínculo de cuidados material y afectivo. Y, a su vez, permitió componer un nuevo paisaje en el interior de la vivienda dentro de un pequeño invernadero con funciones sociobioclimáticas al estar frente a la única ventana de la vivienda con orientación sur.

 

El clima es un concepto que aunque es central en nuestra profesión y suele estar muy presente en los debates arquitectónicos, desde nuestro punto de vista suele ser entendido de manera extremadamente limitada. Nos interesa indagar en el concepto de clima porque creemos que ampliándolo podemos ampliar nuestro entendimiento de la arquitectura y de lo que ésta despliega. En nuestro caso con una arquitectura socio bioclimática, no nos referimos únicamente a una arquitectura que cuide del clima en términos ambientales, y que en arquitectura con frecuencia se relaciona al confort de los cuerpos. Entendemos lo climático en un sentido amplio, también en términos sociales, afectivos e imaginarios. Clima como el ambiente tanto físico e imaginado que genera un determinado lugar. 

 

 

Bathyard Home. Husos Architects © Imagen Subliminal (Miguel de Guzmán + Rocío Romero)

 

 

En la Casa taller hospedera y nectarífera, las plantas trepadoras y arbustivas junto con el conjunto de aves e insectos como las mariposas vinculadas a estas, también tuvieron una función socioclimática además del confort térmico que daban a los habitantes y demás usuarios del taller. Paralelamente a la construcción física del edificio y su jardín en diferentes etapas, hubo una construcción social entorno al cuidado del mismo por parte de las trabajadoras que fue tan importante como la construcción material del edificio. Este cuidado facilitó la generación de lazos afectivos muy importantes dentro de esta pequeña comunidad conformada por personas, insectos y plantas de manera paralela a las labores materiales que se llevaban a cabo. 

 

Creemos que otro de los valores presentes en vuestra práctica arquitectónica ha sido, no sólo la inclusión de estos agentes externos generalmente no considerados dentro de ningún programa arquitectónico o, en vuestras palabras «indeseados», sino ser capaces de dotarlos de su propia función como indicadores, algo que habéis hecho tanto en el Jardín Hospedero como en el Campus Ecosocial ¿Cómo llegáis a esta situación? 

 

Las realidades en torno a muchos de los agentes no humanos con los que cohabitamos, así como las micropolíticas que se despliegan a su alrededor, suelen estar bastante desatendidas. Podemos pensar en los ecosistemas del tratamiento del agua en los edificios, o a la importancia de la biodiversidad en las ciudades. Nos parece una competencia de la arquitectura el visibilizar el papel de los diferentes agentes urbanos y de los procesos que los conforman, así como la activación de nuevos imaginarios con respecto a los mismos. Se trata de entender la arquitectura como una práctica con capacidad de incidir no solo en el mundo material de manera directa, sino a través de su capacidad inmersiva, fomentando nuevos imaginarios y dando lugar a nuevos objetos de deseo.

 

En el Edificio para un campus ecosocial el objetivo era reciclar el agua, pero también hacer visibles los procesos de recolección y filtrado del agua,  haciendo que el edificio mismo fuese parte del sistema de aprendizaje del campus. Los tanques y tuberías se conectarían a sensores y a pantallas en las que se informaría de su gestión, formando parte de un sistema didáctico, con un potencial para desencadenar otro tipo de acciones similares en el resto del campus y la ciudad.

 

 

Edificio para un campus ecosocial. Husos Architects. Cortesía de Husos Architects.

 

 

En la Casa taller hospedera y nectarífera, la presencia de mariposas contribuye a dar indicios sobre el estado del ecosistema por su sensibilidad a los cambios ambientales y su alta capacidad como indicador biológico. Pero la llegada de mariposas en sí no ha sido suficiente para socializar del todo el proceso. Se han necesitado diferentes mediaciones que informaran de lo que allá ocurría. Se desplegaron, primero con nuestra ayuda, y luego libremente por parte de las integrantes del taller de costura, una serie de acciones como entregar cartillas informativas sobre las plantas vinculadas al ecosistema y por tanto a aves e insectos. Esto se hacía durante el momento de compra de alguna pieza de ropa, informando a los clientes (entregando cartillas y semillas), o incluso a través de desfiles de moda donde se hacía eco del tema ambiental. También a través de la realización de talleres con vecinos del barrio. 

 

Todo esto guarda relación con entender la materialidad del proyecto arquitectónico como algo que va mucho más allá del edificio mismo, y que está compuesta también por las diferentes acciones que se despliegan a través de éste. 

 

A lo largo de toda esta conversación hemos recorrido diferentes realidades subalternas o escasamente representadas en los sistemas disciplinares. Buena parte de vuestro discurso trabaja invirtiendo las “trastiendas de lo económico”, visibilizando estas realidades a través del pensamiento ecológico o decolonial. Un posicionamiento que amplía el espectro de usuarios potencial y confronta en buena medida con el esquema tradicional del arquitecto. Ahora, mirando hacia el futuro ¿cuáles creéis que son los agentes que deberíamos incorporar a la esfera arquitectónica de manera más urgente o en qué realidades y contextos puede desplegarse una práctica que incorpore más sujetos, reclamando otras aproximaciones? 

 

En arquitectura, así como en otras disciplinas, se está dando un debate necesario en torno a la inclusión de lo no humano en nuestros campos de acción, vinculado en gran medida con el pensamiento ecosistémico. Podemos ubicar aquí planteamientos como los de Bruno Latour. No obstante creemos que es necesario incluir en nuestros marcos de trabajo otras maneras desde las cuales se plantea lo no humano. Pensemos en cómo se plantean desde el pensamiento decolonial, y en concreto desde Frantz Fanon. El enfoque ecosistémico y el decolonial tratan el asunto desde ángulos radicalmente distintos. El primero lo plantea ocupándose de las relaciones sistémicas entre diferentes formas de existencia algunas humanas y muchas otras que directamente no ubicamos en la categoría de humanidad; mientras que el segundo lo hace ocupándose de formas de existencia formalmente aceptadas como humanas pero que en la práctica no son plenamente reconocidas como tales. Ambos enfoques son sin embargo dos caras de la misma moneda. El pensamiento decolonial nos recuerda que nuestro sometimiento de la naturaleza ha sido posible gracias al desarrollo y consolidación de relaciones asimétricas también entre humanos. No podríamos explicar la industrialización y la modernidad sin el extractivismo de recursos y el sometimiento de cuerpos racializados, que continúa vigente hoy en día.

 

Volviendo a los no humanos desde la perspectiva de Frantz Fanon estos son para él Los condenados de la tierra; las y los pobres racializados del sur global, que han luchado y siguen luchando por el pleno reconocimiento de su humanidad. La pensadora feminista lesbiana afrocaribeña Ochy Curiel nos recuerda además que son también aquellos que no pueden renunciar a su identidad tan fácilmente como otros sujetos privilegiados ya que ésta les ha sido en gran medida impuesta como herramienta de sometimiento. 

 

A partir de las problemáticas de los no humanos planteados desde la óptica de Fanon y Curiel, referidas a aquellos que luchan por el reconocimiento pleno de su humanidad, a nosotros en particular nos parece importante no sólo desarrollar una actitud de crítica y deconstrucción, que evidentemente es necesaria, sino también una encaminada a explorar nuevos escenarios.

 

Nelson Maldonado hace una lectura edificante y proyectual de la obra de Fanon. Maldonado interpreta a Los condenados de la tierra no sólo como sujetos a los que se les ha desposeído de algo cuyo usufructo es únicamente para sí mismos, sino como sujetos que han sido desposeídos de la capacidad de dar a otros. Maldonado plantea la decolonialidad no sólo como emancipación de determinados grupos, sino como un proceso de reparación a la humanidad entera, independientemente del color o el origen que se tenga. Es decir, estaríamos hablando de reconocer los procesos decoloniales y ponerlos enfrente como necesarios para el bienestar de todxs y no solo de aquellas subjetividades tradicionalmente marginadas. Un camino para encontrar nuevas formas de estar en el mundo, mucho más interesantes que las que tenemos ahora, ya que todos y no solo unos pocos podrían ofrecer lo mejor de sí.

 

 

Urbanismos de Remesas, Husos (Caniche Editorial, 2017)

 

 

En Husos nos parece importante preguntarnos como implementar estas líneas de pensamiento en nuestra profesión. Lo hemos explorado de manera explícita en el libro Urbanismos de Remesas, frente al tema de las cadenas globales de cuidados y lo que allí llamamos “Ciudades de cuerpos ausentes”. La vivienda (que no necesariamente lo doméstico) aparece como un lugar muy especial desde el cual podemos explorar otras posibilidades políticas y decoloniales; y el ámbito de lo laboral y de lo (re)productivo como una esfera fundamental que debemos atender desde su dimensión geopolítica y sus diferentes escalas desde la transnacional hasta la de nuestros propios hogares.

 

En resumen, si pudiéramos poner a Fanon y a Latour frente a frente posiblemente le diría el primero al segundo que sólo cuando reconstruyamos nuestra comunidad humana en su totalidad podremos construir una nueva relación con otras formas de existencia.

 

Caballos de Troya y jardines nectaríferos

Una conversación con Husos Architects, una plataforma de arquitectura que opera entre Colombia y Madrid, en torno a la potencia transformadora de nuestras prácticas cotidianas y la atención a otros usuarios dentro de la producción espacial. Se publicó originalmente en la publicación colectiva Más allá de lo humano (2018), disponible aquí.


Husos es una oficina que opera en los campos de la arquitectura, la jardinería y el urbanismo, entendidas como prácticas de transformación social. Indaga en cómo estos ámbitos de acción median en las relaciones que constituyen nuestro día a día; por ejemplo, con la naturaleza no humana, así como en aquellas que involucran cuestiones de género y coloniales entre otras. Lo hace desde un diálogo continuo entre investigación y diseño, teoría y práctica. Se funda en 2003 en Madrid por iniciativa de Diego Barajas (Bogotá) y Camilo García (Cali) y desde esta ciudad, opera regularmente entre España y Colombia. Actualmente está conformado por Almudena Tenorio, Camilo García, Diego Barajas, Sem Fernández y Allyson Vila.

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