We, the dataworkers

Institute of Human Obsolescence





Publicado originalmente en Más allá de lo humano (2019), disponible aquí

La lógica detrás de la producción de datos realizada por humanos influye cada vez más en la manera en la que organizamos las estructuras de poder y nuestras relaciones sociales. En un momento en el que la tecnología automatiza el trabajo a un ritmo exponencial, los datos se han convertido en un impulso para el progreso y la productividad. Esta nueva forma de poder surge de las nuevas capacidades tecnológicas de producción, recolección y procesado de cantidades ingentes de datos, lo que la sociedad contemporánea denomina «Big Data» . Este fenómeno también concentra poder para un conglomerado específico de actores que realizan la recolección masiva de datos producidos por humanos.

Los ciudadanos tienen la propiedad exclusiva de producción de datos, sin embargo, el monopolio sobre su recolección, control y beneficio se establece en buena medida dentro de un conglomerado de estados y empresas privadas. Las ideologías que subyacen a la recolección de datos persiguen la eficiencia y la creencia de que a través de los datos uno puede entender mejor el mundo. Las dato-ideologías están alimentadas por el ansia imparable del capitalismo por el crecimiento.

Con este nuevo poder adquirido, estos actores guían los datos para alimentar el progreso en la dirección de los intereses capitalistas en vez de dirigirla en base a los intereses de la sociedad civil. Como ya empezamos a descubrir, los desarrollos tecnológicos recientes que surgen de nuestra relación con el Big Data han revelado los problemas y peligros sin precedentes en relación con la organización de sociedades, democracias, salud mental y relaciones o niños.

En esta situación, la sociedad civil tiene poca agencia para hacer frente a este desequilibrio en la propiedad de datos. Una forma de interrumpir el riesgo dato-alimentado de que el progreso tecnológico se vuelva contra la sociedad civil es que aparezca un entendimiento cultural diferente sobre lo que son las tecnologías y nuestra manera de relacionarnos con ellas. El Instituto de la Obsolescencia Humana (IoHO) tiene una propuesta concreta: aproximarse a la producción de datos como una forma de trabajo. Este punto de vista nos permite desplazarnos de una ideología que promete que la sociedad automatizada ya no necesita mano de obra humana para producir capital a una aproximación que reclama que, dentro de la sociedad automatizada, todo el mundo se ha convertido en un productor de datos invisible.  Un nuevo modo de entender nuestra relación con las tecnologías y los datos que producimos puede ayudarnos a ganar agencia para reivindicar nuestra soberanía sobre los datos, que tanto peso tendrá a la hora de dar forma al futuro de la sociedad. Para ello, necesitamos un nuevo entendimiento cultural de nuestra relación con la tecnología, lo que el IoHO intenta cuestionar e intervenir, buscando una comprensión con visión de futuro sobre como los humanos se relacionan con la tecnología.










En 2015 se fundó el Instituto de la Obsolescencia Humana (IoHO). El IoHO está dedicado a la exploración del futuro del trabajo en un contexto de desafíos sin precedentes en la relación de los humanos con la tecnología y las nuevas implicaciones económicas y sociopolíticas con la sociedad. A través de instalaciones, reuniones, investigaciones y acciones, la IoHO pretende explorar, pregunta y desafiar a estos nuevos escenarios.

El statement del IoHO afirma:

“Ya estamos siendo reemplazados por máquinas. Lo mismo que sucedió a los caballos tras la invención de la máquina de vapor nos está sucediendo ahora a nosotros. Pronto ya no será necesario nuestro trabajo manual, y con los avances en inteligencia artificial, el trabajo intelectual también será reemplazado por máquinas.  El IoHO explora este escenario y trata de plantear preguntas sobre como reposiciones el rol de los seres humanos a través del desarrollo y cuestionamiento de relaciones existentes y nuevas entre humanos y máquinas, así como la creación de nuevas dinámicas de creación de valor en un escenario post-trabajo.”

El IoHO colabora con otros artistas, filósofos, economistas, investigadores de datos, activistas, hackers y personas involucradas en diferentes campos de interés para nuestra investigación.

En la instalación Biological Labour (2015) el IoHO contrató a trabajadores humanos para llevar un traje corporal que aprovechaba el calor residual producido por su cuerpo para generar electricidad que, a su vez alimentaba un microordenador para minear criptodivisas. Con esta nueva forma de trabajo el proyecto cuestiona las implicaciones surgidas de la combinación de tecnologías invasivas con la falta de trabajos a realizar por humanos. 

Después de su primera exploración extrayendo valor del cuerpo humano, el Ioho comenzó a investigar la producción de datos como una forma de trabajo: los datos producidos por humano ya son un recurso extraído por compañías como Google y Facebook produciendo enormes cantidades de capital. ¿Por qué no estamos nosotros, los trabajadores de datos, capitalizándolo?

Las corporaciones gigantes del Big Data basan sus modelos de negocio en la creación de mecanismos que recogen tantos datos como puedan de los humanos bajo el pretexto de ofrecer un servicio gratuito. El principal modelo de negocio de GAFAM (Google, Amazon, Facebook, Apple, Microsoft) es recoger, procesar y re-vender los datos que nos han extraído.










No sólo desde una perspectiva económica, sino desde una perspectiva más amplia de poder y control, las industrias del Big Data están emergiendo como nuevos sistemas excepcionales de poder.  Debido a ser los primeros en mantener el poder, los gigantes del Big Data han aplicado hasta ahora un ejercicio de poder y extracción de capital inexplicable e ilimitado. El alcance de estas tecnologías está adquiriendo una dimensión global, las empresas aspiran a ampliar su modelo de negocio a toda la humanidad.  Están haciendo esfuerzo para que sus tecnologías lleguen a lugares en el mundo que todavía no han sido datagrafiados, todo bajo el eslogan engañoso de la tecnología humanitaria. 

Es también relevante observar como evoluciona nuestra relación con el trabajo. En vez de trabajar menos, más y más aspectos de nuestra vida están siendo datagrafiadas y, por tanto, se transforman en trabajo rentable. Los datos que uno produce en su tiempo libre son recogidos y capitalizados por los actores del Big Data.  No es que los humanos se estén volviendo obsoletos para trabajar, el trabajo ha sido sutilmente incrustado en nuestras vidas como parte de un interminable diluvio 24/7 de esclavitud de producción de data ininterrumpida e invisible.

La concepción tradicional del trabajo requiere la ejecución intencionada de una acción, ya sea manual o intelectual. En comparación, la producción de datos surge de la inintencionalidad de nuestras actividades cotidianas, con la intención pasiva desde la óptica del trabajador. Los procesos y acciones que realizamos en nuestro día a día se recogen de manera que no producen una conciencia o entendimiento de las implicaciones de estas acciones como parte del mundo del trabajo.

Los mecanismos de recopilación masiva de datos están transformando nuestra vida diaria en una transformación constante del trabajo que funciona 24/7. Este procedimiento también implica una dinámica constante de vigilancia,ya que estos mecanismos recolectan ininterrumpidamente nuestro comportamiento.

Sufrimos más de lo que entendemos como el -privilegio a desconectar-, en función de que nuestra dependencia al uso de tecnologías digitales aumenta de un modo que difumina los límites entre trabajo y vida.  El punto es que ahora no hay separación y todos los aspectos que anteriormente eran excluidos del ámbito del trabajo se han vuelto parte de él. La tendencia es cuantificar y recoger todos los aspectos de nuestra vida para aumentar la producción de datos. Una de las consecuencias de esta colección constante es el control constante, basado en que los datos recogidos toman control gradual sobre más y más aspectos acerca de como se organiza la sociedad. A mayor cantidad de datos recogidos que afectan a cómo funciona la sociedad, mayor es el poder de los datos para controlar la sociedad.

Los seres humanos siempre han intentado entender la realidad a través de su medida. La lógica subyacente de los datos es que aportan verdad y objetividad. Pero la política, cada vez más, está usando de manera inadecuada esta promesa de verdad para sus propios intereses. El Big data juega un papel importante a la hora de modelar las elecciones políticas en todo el mundo: organizaciones como Cambridge Analytica muestra este desarrollo, habiendo usado cantidades ingentes de datos cosechados a humanos para intervenir con acciones que dirigen el curso de las elecciones. Hemos visto casos como las elecciones estadounidenses de Trump o el Brexit, pero también casos menos comentados como varios países africanos que fueron sometidos al uso de esta tecnología.

Mientras que compañías estadounidenses como Facebook, Twitter y Google fueron requeridas para informar al senado y a la Comunidad de Inteligencia sobre la cuestión de las «injerencias rusas» en las últimas elecciones, esta conversación está limitada al marco de la seguridad nacional, y se dijo a los representantes de dichas empresas que ahora están en la primera línea de la protección de los intereses americanos. El núcleo de esta conversación gira en torno a cómo usar estas empresas para proteger a los Estados Unidos de la influencia extranjera durante las elecciones, a la vez que evitar completamente discutir la influencia externa sobre otros países hecha por Estados Unidos, o como estas empresas van a proteger las injerencias políticas a un nivel internacional. Como todas las empresas del GAFAM están basadas en Estados Unidos, y están instrumentalizadas para proteger sus intereses, los de la seguridad nacional o su economía, China ha estado creando sus propios ecosistemas de plataformas completamente independientes y blindándose contra la influencia de los gigantes americanos.  SI el Big Data está creciendo como una increíble fuente de poder a través de la cual se ejerce el control y gobierno, todo el mundo está librando una batalla a escala global. ¿Pero qué posición queda para nosotros como ciudadanos de un mundo datagrafiado? ¿Todo esto ha sido transferido a manos de estados y compañías o podemos, como ciudadanos, generar agencias para restablecer un equilibrio democrático
en el que los ciudadanos tengan control sobre los datos producidos?











El objetivo final, y los modelos de negocios futuros derivados de la actual recolección masiva de datos, es ser usados para entrenar los algoritmos de la inteligencia artificial y los sistemas de machine-learning. En algún momento del futuro próximo, estos mecanismos habrán cosechado suficientes datos para un funcionamiento autónomo de la inteligencia artificial, y ya no requerirá más recolección de datos producidos por humanos para alimentar dichos sistemas, así que el modelo económico de recolección masiva de datos ya no será necesario.

El Big Data es el combustible principal de la Inteligencia Artificial. La pregunta es, ¿qué pasará cuando la IA sea autosuficiente y no necesite más combustible?

En dicha situación, estas empresas podrían dejar de proporcionar los supuestos servicios gratuitos ya que los datos producidos por humanos no serían necesarios para sus modelos de negocio.  En vez de ello, podrían comenzar a producir productos basados en la IA y el machine-learning para ser vendidos a instituciones públicas que serían el núcleo de las nuevas necesidades de las smart cities. Esto irá a más, proveerá y sustituirá el sistema sanitario, el transporte público, el ejército, y otros servicios clave.  Actualmente sólo se están basando ciertas partes de nuestra economía en la producción de datos.  Pero estamos yendo, cada vez más, hacia una realidad en la que toda la productividad va a estar mediada por software. 

En la medida en la  que la sociedad se desarrolla de una manera en la que todos estos sistemas y servicios se vuelven esenciales para la vida, las instituciones públicas se volverán dependientes de estos gigantes a niveles sin precedentes, requiriendo comprar o alquilar estos servicios indispensables a ellos, situando a estas empresas en una posición de poder increíble para negociar, el progreso dejará sin otra opción más que adoptarlas a las instituciones públicas. Mientras tanto, los ciudadanos comenzarán a ser privados del acceso a los anteriormente llamados "servicios gratuitos", ya que los gigantes no requieren la recolección masiva de datos para sostener sus modelos de negocio o entrenar a sistemas de inteligencia artificial.

Tomando el ejemplo de Facebook, la plataforma recibe a los usuarios potenciales con su famosa frase «es gratis y siempre lo será». Se nos presenta en la forma de un gesto generosa, con el significado positivo de «es un regalo». El eslogan intenta diferenciarse de los servicios de pago o premium donde los usuarios han de pagar para usar un servicio o acceder a ciertas funcionalidades.

En muchos casos está claro que el usuario de la plataforma interactúa desde una posición de consumidor, y el capital emerge de aquellos consumidores que compran funcionalidades premium. El modelo económico de Facebook no lo necesita. Sus ingresos no provienen de los consumidores que adquieren sus productos o servicios premium, viene de extraer y capitalizar los datos de lo que la plataforma denomina usuarios, mientras que intenta normalizar la idea de que somos consumidores. Esta idea ha sido implementada en nosotros a través de la trayectoria de relación entre usuarios y plataformas.  El Big Data ha cambiado la dinámica de estas plataformas y nos ha vendido una ideología donde las compañías tienen una manera impecable de explotarnos, al creer que estamos recibiendo un regalo en la forma de un “servicio gratuito”.





La instalación Data Production Labour (2017) cuestiona la noción de que somos usuarios en estas plataformas audiovisuales y en su lugar propone que somos trabajadores no reconocidos. En la instalación, los participantes pueden relacionarse de una manera diferente con su uso de las redes sociales, desde la perspectiva de ser trabajadores de datos, revelando así las dinámicas ocultas de trabajo desarrolladas durante sus interacciones con estos servicios. La instalación permite a los trabajo realizar un cambio laboral usando sus aplicaciones sociales de la misma manera en la que lo hacen en su día a día. El trabajador sitúa su smartphone en la estera y comienza a navegar a través de su feed. Dos sensores monitorizan las acciones de los trabajadores, uno recolecta datos de sus reacciones faciales en base al contenido que ve, mientras que simultáneamente el otro recoge datos de los movimientos de sus manos y de lo que aparece en la pantalla del teléfono. Al correlacionar estas dos piezas de datos, la instalación es capaz de establecer parámetros valorables de información. Después de dos minutos de trabajo, la instalación da un recibo con detalles sobre los datos de comportamiento recogidos. También da el valor monetario del trabajo realizado, sin seguir el criterio tradicionalmente discutido de ¿cuanto valen mis datos?, sino que basa el valor monetario en el salario mínimo estipulado en el país donde se desarrolle la instalación. Por ejemplo, si en el Reino Unido el salario mínimo es de 7.5£, un turno de trabajo de dos minutos valdrá 0,25£. El recibo finaliza con la sugerencia de que el trabajador lo use para reclamar el pago a Facebook.

A través de este nuevo imaginario generado en la instalación -nosotros no como usuarios sino como trabajadores-, nuestra posición en relación con estas empresas se redefine. Este nuevo imaginario crea una nueva forma de identidad colectiva, la de - nosotrxs, lxs trabajadores de datos-. Esta nueva identidad colectiva crea una nueva dinámica de relaciones que son experimentadas a través de un grupo inmensamente grande, que es todos los que en la sociedad estamos produciendo datos. Ya no somos un aislado consumidor pasivo de un producto tecnológico, sino un agente activo parte de un grupo mayor con un posicionamiento político específico.

El vocabulario e imaginarios que usamos para discutir la tecnología está siendo configurado por la ola de intereses capitalistas, presentes en el núcleo de estos grandes gigantes tecnológicos. Necesitamos nuevos vocabularios e imaginarios de lo que la tecnología nos hace, construida desde una perspectiva humano-céntrica y basada en valores humanos.

Esta narrativa de - nosotros, los trabajadores - también se opone a otras narraciones que afirman que «si algo es gratis, tú eres el producto». Al aproximarnos al producto final que ha de ser vendidos, discutiríamos la titularidad sobre la producción de datos a un nivel individual, donde cada uno sería un producto separado valorado individualmente. Al situar nuestra posición como trabajadores en vez de productos, nos permite abordar la cuestión de la propiedad de datos como una propiedad colectiva, porque los datos sólo se vuelven valiosos cuando se recogen de varios individuos.

En esta situación de falta de conciencia e incapacidad politica para consolidar esta lucha, el punto de partida que nos falta es una comprensión cultural y un imaginario emancipador de nuestra relación con la producción de datos que nos empodera más allá de la perspectiva actual de ser los usuarios .Para lograr esto, el IoHO intenta desarrollar y generar un imaginario colectivo diferente y una identidad colectiva que permita esta comprensión diferente.

Desde esta nueva perspectiva, se constituye un nuevo discurso a través del marco de los Derechos del Trabajador de Datos, donde el IoHO ha explorado diferentes propuestas como la Renta Básica de Datos (2017), la Cooperativa de Datos (2017) y el Sindicato de Trabajadores de Datos (2017-en curso).

Al posicionarnos como los trabajadores se establece una nueva dinámica en nuestra relación, que cambia la comprensión cultural que tenemos de estas tecnologías, y crea un escenario de relaciones diferentes y una agencia empoderada para articular un discurso político en torno a los Derechos del Trabajo de Datos.

Al remodelar este entendimiento de quienes somos, qué es el trabajo y como nos relacionamos con la tecnología, podemos construir un proyecto político que aborde estructuralmente las amenazas existenciales que la tecnología plantea a la sociedad. La tecnología se está convirtiendo en una fuerza omni-dominante que controla exhaustivamente la vida humana. Al conquistar la propiedad de nuestra producción de datos podemos ganar control sobre las funciones de la tecnología, y encaminarlo hacia una dinámica basada en valores humanos democráticos en vez de los producidos por la lógica capitalista patriarcal.



















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